HISTORIA DE LA ASOCIACIÓN DE FERRETEROS

Antecedentes históricos de la Asociación de Ferreteros, Inc.

Hay una anécdota muy bonita y es que Savery salía a cobrar algunas veces con Félix Lorenzo, otras veces con El Vale, o cualquiera que estuviera en disposición, a él le gustaba salir con otra persona, y en una ocasión que andaba con El Vale, unos ferreteros se escondían para no pagar la cuota, ya asignada, ni dar nada, y Carpito Savery se pone incómodo y Bienvenido le Dice: “Por Dios, Carpito, no te incomodes, que son gajes del oficio”, y le dijo: “Bienvenido, tu y yo tenemos demasiados cosas qué hacer, cómo es posible que estos pendejos nos cojan de mojiganga, ¡Carajo!”.

Vale señalar, que hasta ese momento, los materiales que vendía la Asociación de Ferreteros eran, primero por el aval de cada individuo como persona y la responsabilidad de cada ferretero directivo; pues vamos a ir señalando que para conseguir las varillas, esto se consiguió por un ofrecimiento que hizo el Sr. Pedro Rodríguez Echavarría, Vicepresidente del Banco Popular Dominicano, a su amigo y compadre Julián Zacarías, le dijo: “Eche pa´ lante en este pleito que el banco le consigue el dinero que ustedes necesiten”. Pero ese dinero se facilitaba, no a la Asociación de Ferreteros, que era una desconocida hasta eses tiempo, sino a título personal a Julián Zacarías y a los directivos que los acompañaban en diferentes etapas, las diferentes directivas, Dionisio Santana, a Juan Luis Espinal, a José Julia, en fin, cada directiva eran los que tenían que firmar los pagarés en el banco, poniendo sus negocios, sus propiedades, sus casa de familia en hipotecas para conseguir el dinero del banco. También algunos ferreteros que tenían créditos suficientes en el comercio organizado de las diferentes industrias conseguían y entonces le cedían a los ferreteros cantidades de algunos renglones. Recordamos los clavos. Alambres eléctricos, ferré y algunas tuberías. Esto también era para esos distribuidores que recordamos a Carpito Savery, al Sr. Ramírez de la Ferretería El Gallo que Pica, a David Mejía. Habían unos cuántos que se hacían responsables del crédito, que ellos a su vez le daban a los otros ferreteros.

No es hasta cuando estamos en la Baltasar de Los Reyes que ya comenzamos a conseguir crédito para la Asociación de Ferreteros y tenemos que decir, y vamos a decirlo con palabras dichas por Dionisio Santana, dice él: “El primer gran crédito que recibió la Asociación de Ferreteros en toda sus existencia, hasta esa época, lo recibimos de Pepín Corripio, fuimos un día allá y nos dijo lo siguiente: [“Yo tengo mucha fe en ustedes los ferreteros, sobre todo en esta directiva,  Dionisio, que tú encabezas, ya que son personas todas conocidas, todas muy buenas, así que, Paulino, dámele a la Asociación de Ferreteros todo cuanto ellos necesiten”]. Eso fue un viernes, y el lunes de la semana siguiente, estábamos recibiendo ciento cincuenta mil pesos en alambre eléctrico, ordenado por Pepín Corripio”.

“Después fuimos al área de Herrera para buscar cemento blanco, también conseguimos cemento blanco”, continúa diciéndonos Dionisio, “pero éste nos dijo que no nos podía dar mucho crédito, porque él estaba comenzando en esa fábrica, esa empresa y no podía dar crédito, que nos iba a dar los mejores precios y nos ayudó bastante. También fuimos a la fábrica tuberías de los Panocchía, en Cristo Rey, y también nos dieron créditos. Así se abrió el abanico de la participación, gracias a ese gesto que se tuvo al adquirir el local de la Baltasar de los Reyes.

En poco tiempo, ese local, o almacén estaba repleto de mercancías. Hubo un tiempo que ya no se podía caminar por pasillos, sino de lado, por lo lleno que estaba. Hay que destacar también que al comienzo, cuando importadores y grandes comerciantes vieron la realidad de la Asociación de Ferreteros, trataron de frenar, de manipular; trataron de que esto no continuara. Porque ellos sabían que la asociación vendría a ser un freno para sus especulaciones y un instrumento estabilizador de precios. Pero ya ante esta realidad, no hubo más remedio que ceder, y entonces comenzaron a acreditar sus mercancías.

Concomitantemente, con este almacén ya lleno de provisiones, teníamos que hacer las fiestas que tradicionalmente se han celebrado en la asociación, pero como se comprenderá, no disponíamos de local, y entonces, también con relaciones que teníamos en el Club Paraíso, porque muchos de nosotros, de los directivos de la asociación, éramos miembros del Club Paraíso, ahí celebrábamos nuestras fiestas tradicionales en diciembre, el Día de las Madres y principalmente el aniversario de nuestra asociación, 11 de noviembre. Quiero recordar con cariño a un grupo de damas que siempre estuvieron cooperando y trabajando con sus propias manos, haciendo la decoración, porque, vuelvo y repito, no había dinero para pagar decoraciones y esas cosas; y eran las damas que con tijeras y papeles se ponían a adornar. Podemos destacar en primer lugar a Carmen de Savery, que fue muy trabajadora y que dicho sea de paso, queremos que los jóvenes sepan que fue la primera dama que ostentó el cargo de presidenta de la Rama Femenina de la Asociación de Ferreteros. También destacamos a Caqui de Mejía, Reyna de Heyaime, Altagracia de Lorenzo, Elisa y Doña Tinita Contreras, un grupo de mujeres que siempre estuvieron con nosotros los ferreteros.

Después de un tiempo, alrededor de un año de estar instalados en la Baltasar de Los Reyes y con el producto de los beneficios  obtenidos de la venta de mercancías, ya estábamos en condiciones de marcharle a la compra de un solar, pensando que quizás podían facilitarnos crédito o pagándolo a plazos cómodos y se procedió a correr la voz para la compra de este solar.

Recuerdo que nos trasladamos por la carretera de San Isidro, a un solar que nos habían ofrecido, pero éste resultó muy lejos. En los alrededores de donde vivían William Melo, en el ensanche Miraflores, éste se percató de un solar que estaba en venta y procedimos a hacer las averiguaciones correspondientes; después, de las indagaciones, se pudo constatar que el solar pertenecía a los Hermanos Gassó Pereyra, de la firma Gassó y Gassó.

Para suerte nuestra, el In. Heyaime era amigo de uno de ellos, de Manelic Gassó, por éste ser rotario, igual que él. Inmediatamente se puso en conversación, y luego de dos o tres entrevistas con el hermano, con Juan Gassó, se procedió a la compra de dicho solar, obteniendo muy buen precio por las relaciones de amistad y por el uso que le iban a dar, que era para una asociación, y el Sr. Gassó estaba en la directiva de otra institución, también similar a las nuestra.

Bajo la presidencia del Sr. Juan Mejía se comenzó la construcción de una nave, pero una nave con estilo arquitectónico, para ya ser el edificio de nuestra asociación, a pesar de que era algo provisional, porque teníamos aspiraciones  mayores todavía. Esa nave que aún hoy se conserva como almacén, principalmente de cemento blanco y esas cosas, se comenzó a construir y tuvo una destacad participación el Ing. Fidencio Hernández, que fue buscado por Chucho  Fuertes de Pool, de Electricidad Comercial y por suerte, el Ing. Heyaime era en ese tiempo activo en la ingeniería, trabajaba en Obras Públicas y se le encargó la supervisión de los trabajos.

Tuvimos suerte de que el solar era bastante grande y a un lado hicimos la nave y teníamos suficiente espacio para almacenar las varillas y los tubos, las diferentes clases de tubos que vende la Asociación de Ferreteros. Se pasó un tiempo en este local desenvolviendo nuestras labores hasta que nos percatamos de que los propietarios del solar que nos quedaba al lado, exactamente del mismo tamaño del que ya poseíamos lo tenían en venta, pues este solar era propiedad de la Asociación de Agentes de Productos Farmacéuticos, del cual el Sr. Juan Gassó era presidente y ellos no iban a construir nada. Volvió el Ing. César Heyaime a conversar con el Sr. Gassó para la adquisición de este nuevo solar, contiguo al nuestro y pretendiendo conseguir el mismo precio que había conseguido unos años antes.

Después de muchas conversaciones, se logró conseguir el solar al precio deseado por la Asociación de Ferreteros y ya con los dos solares, sí se pensó en buscar un préstamos para construir un edificio, esto ya sucedía en otra presidencia del Sr. Julián Zacarías y hablando con los directivos del Banco Popular Dominicano, quienes siempre nos apoyaban en cualquier proyecto que emprendiéramos, nos dijeron que este préstamo estaría disponible para cuando nosotros dispusiéramos.

El Arq. Carlos Pou, fue el encargado de la confección de los planos del edificio. Se proyectó originalmente un edificio de cinco plantas para que alojara en el futuro todas las construcciones y todas las oficinas que pudiera necesitar la Asociación de Ferreteros. Luego, por circunstancias entendibles, se redujo la construcción a dos plantas solamente, y ya bajo la presidencia del Sr. Miguel Tabar, se continuaron con los trabajos que habían comenzado en el año anterior de la presidencia de Julián Zacarías y se encargó de la obra a un joven ingeniero y arquitecto, que estaba despuntando como muy buen constructor y muy serio, me refiero al Ing. Jesús Rodríguez Sandoval, que tuvo a su cargo la construcción de los dos niveles que tenía la ASODEFE.

Bajo la presidencia de Don Miguel Tabar, se concluyeron los trabajos y se adicionó algo que no estaba originalmente en los planos, porque al cambiarse de cinco niveles a dos, hubo que hacer muy pequeñas variaciones. Esta edificación se hizo en el segundo solar que compramos, por estrategia, para disponer de lo que había anteriormente para almacenes, y el patio para seguir almacenando, ahora en mayor cantidad las varillas y tuberías.

En la primera planta del edificio, en el mayor espacio, el más grande, teníamos el almacén de una altura considerable y en el resto se instalaron las oficinas, las ventas, los despachos, contabilidad, en fin, lo que hacía manejable la institución que ya había crecido bastante y necesitaba notable cantidad de empleados.

En la segunda planta, se disponía de biblioteca, salón de conferencias, en fin, todo lo que tenía que ver con las reuniones del Consejo Directivo y pequeñas reuniones.

Pronto, nos dimos cuenta de que necesitábamos una tercera planta, para que nos sirviera de sitio de reunión de las asambleas, el sitio donde podían alojarse cuatrocientas o quinientas personas y para hacer nuestras celebraciones. Es en la presidencia del Sr. Nelson Mejía cuando se construyó lo que hoy se conoce con el nombre del club, o sea, la tercera planta de nuestro edificio.

Originalmente se había pensado en hacer este club en otro sitio alejado, cerca de la ciudad, para hacer una casa-club con piscina y esas cosas, pero la experiencia de otras instituciones nos hizo darnos cuenta de que no era saludable ese proyecto por el gasto que conlleva mensualmente.

En la presidencia del Sr. Nelson Mejía, se construyó el club y más tarde también, dándonos cuenta de que necesitábamos otro sitio más de expansión, otro sitio abierto, porque al no tener aire acondicionado el club, resultaba un poco caliente. Bajo la segunda presidencia del ing. César Heyaime, cuando se inauguraron los períodos de dos años para los directivos (porque anteriormente era cada año que se cambiaba la directiva, luego fueron modificados los estatutos y actualmente los períodos son de dos años), se construyó lo que hoy se conoce como La Terraza, que es un lugar abierto, y sirve de deleite para los socios. En ese período, también, conjuntamente con la construcción de la terraza, se hizo el salón de billar, un salón con aire acondicionado, independientemente de la terraza y se construyó también la cocina industrial, porque son muchos los encargos y las actividades  de la asociación que tienen que ver con comida y se alquila el club para sacarle algún beneficio cuando no se usa para la ASODEFE. Al alquilar el club, se alquila normalmente con buffet, entonces esa cocina era muy necesaria.

Desde el tercer nivel, nos dimos cuenta que se hacía indispensable tener un ascensor que se había proyectado desde el comienzo  del edificio, pero no se había realizado todavía, y es en la presidencia del Sr. Domingo Fermín Pérez  cuando se instala el ascensor que hoy disfrutamos cuando vamos a subir a nuestra segunda, tercera o cuarta planta.

Más tarde, cuando vemos que nuestro ascensor se puede deteriorar por subir tanta mercancía, como huacales de refrescos y cajas de cervezas, en la presidencia del Sr. Luis Brea, se instala  el ascensor de carga que está en la parte posterior de la edificación y que sirve para transportar todas estas cosas sin que se deteriore  el ascensor principal.

Hermanos ferreteros, esto es un esbozo de lo que podríamos decir la historia de la Asociación de Ferreteros, los motivos por la que fue creada, cómo nace, y adónde nace, las personas que intervienen, los primeros pasos que se dieron, los acontecimientos que tuvieron lugar para la realización de este proyecto y el desarrollo del mismo. Como tú podrás leer, esta tarea no ha sido fácil, ha sido una labor de titanes, ha sido rompiendo brazos, escalando una escalera interminable hacia arriba, peldaño a peldaño. Es un esfuerzo que ha costado muchos sacrificios, por eso, este mensaje final.

Al nacer la idea de crear la asociación que agrupara y uniera nuestra clase, no se vislumbró otro efecto colateral que tendría tanto o más importancia que el primero, esto es la unión de las personas, la unión de las familias. El proceso evolutivo y el giro que se ha operado en estos veintitrés años, es tal, que hoy por hoy, sentimos que somos una gran familia, tanto dentro como fuera de la institución. Hacemos vida común y nos integramos a cualquier situación que surja a nivel institucional como familiar; por eso, debemos seguir luchando para preservar lo que hoy con tanto sacrificio hemos construido. Debemos mantener la armonía y la concordia para que este sueño, hoy convertido en realidad, no colapse.

Sé tú, hermano ferretero, el que aporte, que sea tú el que esté en primer lugar a la hora en que nuestra asociación necesite sus mejores hijos, cuando alguna circunstancia amenace con destruirnos. Si todavía no te has integrado a esta maravillosa familia ferretera, acércate, participa. Sé un actor de primera línea y asía aprenderás a amar tu institución que tanto necesita de sus mejores hijos.