HISTORIA DE LA ASOCIACIÓN DE FERRETEROS

Antecedentes históricos de la Asociación de Ferreteros, Inc.

Una o dos reuniones se hicieron en la cabeza del Puente Duarte. Vamos a decir, del lado occidental de la capital, en la casa de Mellita, un ferretero que en ese tiempo, también se había integrado.

Luego, por diligencias del Sr. Rafael Julián Zacarías y ferreteros de la parte oriental, específicamente del Ensanche Ozama, se consiguieron los salones del Club Recreativo Ozama, para efectuar ahí reuniones. Hoy ese club, ya no existe, pero sí la casa que está ubicada en la esquina formada por las calles Juan Goico Alix y calle Club Rotario del Ensanche Ozama.

Ya para esa época, y junto con Julián Zacarías, se habían integrado un grupo de ferreteros muy conocidos en el ámbito nacional, tales como: Julio César Savery, David Mejía, José Julia Guzmán, César Heyaime, Rodríguez Pereyra, etc.

También se sumó al movimiento la gran mayoría del comercio banilejo y eso trajo como consecuencia que desde el comienzo tuvimos un aval tremendo, no porque fueran comerciantes de gran envergadura, sino porque tenían prestigio de gente seria, laboriosa y que no se prestaban a formar parte de una asociación que no fuera debidamente respetada y respetable.

Las primeras elecciones de la Asociación de Ferreteros, después del Comité Gestor y el Comité Provisional fueron ganadas por el Sr. Dionisio Santana, que resultó electo Presidente; Julián Zacarías, Vicepresidente; Stalin Sánchez, Secretario; Amadeo Liria, Secretario de Actas y Correspondencias; Julio César Savery, Tesorero y los vocales fueron los señores Luis Calcagno y Eugenio Pérez. Esta fue una directiva que se caracterizó por la parte organizativa y por reforzar y buscar nuevos miembros para la asociación, y para la promoción de la idea para que fecundara mejor.

La segunda directiva, segundo período, fue electo el Sr. Julián Zacarías, Presidente. Aquí queremos decir que comenzó realmente la lucha por alcanzar los objetivos que ya habíamos señalado anteriormente, o sea, la consecución de la venta de varillas y de la venta de cemento.

Queremos destacar el hecho, que fue una lucha tenaz, porque los que detentaban en esos momentos esas prebendas no querían soltarlas y hubo que solicitarle al Sr. Presidente de la República de ese entonces, Dr. Joaquín Balaguer, que recibiera una comisión muy numerosa, que asistimos al Palacio Presidencial y encabezada por Julián Zacarías se le expuso al primer mandatario lo que estaba sucediendo con estos dos renglones que eran vitales para la construcción.

Tuvimos la suerte de que este mandatario se ha caracterizado por ser el mayor constructor de todos los gobiernos que ha tenido el país, y la idea de nosotros la vio con mucha simpatía, y dando con el puño en el escritorio dijo de ese mismo momento a los ferreteros había que venderle varillas y había que venderles cemento. No obstante, la orden dada por el Sr. Presidente de la República sobre la venta de cemento a los ferreteros, el administrador de turno se negaba a despachar el cemento y tuvimos que ir a la fábrica en más de una ocasión; pero en una ocasión, recuerdo perfectamente que hubo que ir con pantalones bien puestos y algunos de los que usaban pistolas y revólveres con ellas al cinto, porque fue un encuentro de mucha tensión. El administrador nos recibió con cara de pocos amigos y creíamos que ahí en la oficina se iba a armar un tiroteo, por las discusiones tan agrias que tuvieron Zacarías y el Administrador. Pero el administrador se dio cuenta que éramos un grupo de hombres que estábamos reclamando nuestros derechos y no tuvo más remedio que ceder y comenzar a vendernos cemento.

Continuando con el desarrollo y el crecimiento de la institución, vamos resaltar el hecho de que la mayoría de los ferreteros de la capital, de aquel lado del Ensanche Ozama, se encontraban incómodos y lejos para trasladarse al Club Recreativo Ozama, del Ensanche Ozama, para celebrar las reuniones y entonces se procedió a buscar un lugar sitio que fuera un poco más equidistante. Por gestiones de Julián Zacarías y de Juan Luis Espinal, se pudo alquilar un pequeño apartamento, vamos a decir, en la Av. 27 de febrero, esquina Paseo de los Periodistas, donde se encuentra hoy en día el Edificio COREGA, ahí teníamos la oficina en el pasillo y un saloncito donde algunas veces celebrábamos las primeras reuniones directivas.

Vamos a señalar que no teníamos en ese tiempo, todavía en el Ensanche Ozama, lugar para comprar papel, menos papel timbrado, era una situación que se vivía, donde todo se hacía por cooperación, por cariño, por un ideal, no había nadie que sacar ningún beneficio, en ningún aspecto. No habían sueldos para los directivos, en fin, era un sacrificio total y recordamos que siempre en las reuniones el Sr. Rodríguez Pereyra, El Viejo, como le decíamos, pasaba un sombrero pidiendo la cooperación de todos los ferreteros para solventar los gastos de oficina.

Cuando nos trasladamos al edificio COREGA, ahí compramos las primeras sillas, no muchas, pero compramos las primeras sillas para sentarnos. En ese tiempo, las reuniones y asambleas las hacíamos en la Hermandad de Pensionados que quedaba en el mismo sector de Miraflores y en esta diligencia para conseguir también el local a título gratuito, intervinieron César Heyaime y Julián Zacarías, pues en se tiempo el Presidente de la Hermandad de Pensionados  era el Contra almirante Retirado César de Windt Lavandier, quien era muy amigo de los ferreteros mencionados, porque pertenecían al mismo club Rotario. Entonces ahí se celebraban las reuniones y asambleas. También, muchas veces, nos cedían sus salones, para que nosotros celebráramos nuestras asambleas. Estando ahí fue que vimos los solares vacíos donde más tarde construimos nuestro local actual.

De la oficina del edificio COREGA, pasamos a otra oficina que quedaba en la calle San Francisco de Macorís, detrás de la Hermandad de Pensionados, donde teníamos un pequeño saloncito en la primera planta. Queremos significar que la primera comercialización de cemento fue en ese sitio en que se realizó, pues para ese tiempo era que habíamos conseguido autorización, pero había que irlo a pagar al negocio de José Julia en la Maderera San José, se pagaba el cemento y entonces, unos camioncitos alquilados le transportaban a cada ferretería. Recordamos entre otros, al transportista Germán Merino. 

También en esa oficina, en la presidencia de Juan Pablo Victoria, fue cuando se hizo la primera importación de la asociación, que consistía en plomería galvanizada  y como era muy grande, tuvimos que utilizar para el almacenamiento el propio negocio de Pablo, pero era muy incómodo para el asunto del despacho, porque había que trasladarse bastante lejos y esa importación se trasladó al garage de la casa del compañero William Melo, que ya también desde los primeros comienzos se había incorporado a la lucha  y desde ahí se hacían los despachos.

Después, buscando más comodidad, nos trasladamos al barrio de Villa Consuelo, precisamente en un local, en la calle Baltasar de Los Reyes. Para la adquisición de ese local, se designó a Félix Lorenzo, a William Melo, junto con El Vale y con Mario Fuertes, de Electricidad Comercial, consiguieron ese local y la renta que se pagaba en ese tiempo de alquiler eran treinta y cinco pesos, Dionisio Santana tuvo que servir de fiador y de inmediato se comenzó a trabajar. Vamos también a destacar que hubo que pasar el sombrero nuevamente para hacer las aportaciones de lugar, para comprar sillas, una maquinita de escribir, comprar una mesa, un pequeño archivo, y Dionisio y Amadeo Liria, salieron por ahí cerca, por el Mercado de Villa Consuelo para hacer la compra.

Cuando se estaba organizando, William Melo hacía de carpintero, y muchas veces tenía que llamar a Dionisio y decirle que le hacían falta algunas tablas, algunos clavos, etc., y Dionisio le decía: “cógelo de tu ferretería, cógelo, que yo te devuelvo eso tan pronto llegue”, pues nueva vez Dionisio era presidente.

Cuando en una ocasión, el compañero Luis Calcagno, de la Ferretería El Marranito vio el local, se puso muy contento y regaló un aire acondicionado que tuvo la asociación.

Como dije anteriormente, el trabajo se hacía por amor, era algo espontáneo y Juan Mejía se acuerda perfectamente de los cobradores originalmente eran Carpito Savery y su padre David Mejía. David le encargaba a Juan que le fuera haciendo los recibos, “hazme un recibo, vamos a cobrar”, eran bastantes recibos. Lo que queremos destacar es que eran personas como Carpito Savery, David Mejía, gente que no cobraban a los que le fiaban en sus negocios, tenían que salir a la calle, y no solamente cobrar, también tenían que salir a pedir para la asociación, gente que no salía a pedir para ellos nunca jamás. Esto queremos resaltarlo para que los ferreteros que han llegado después sepan valorar a estas glorias de ferreteros, personas con mucho mérito, que deben siempre estar en un sitial preferente en nuestros corazones.